miércoles, 11 de noviembre de 2009

Con tenedor

Entre las muchas cosas que útimamente rondan mis pensamientos, hay un par de ellas que, por su simpleza, merecen ser compartidas. Las otras cosas, esas que nos agobian a la mayoría de los argentinos, prefiero dejarlas para próximas estaciones.
La primera livianita: ¿Qué hacemos con el aceite vegetal usado?
A menos que decidamos inaugurar en nuestras casas un taller de jabones artesanales sometiendo a primos y demás a sucesivos regalos de dudosa calidad, hay que tirarlo.
Al inodoro no. Leí por allí que 1 litro de aceite contamina 1000 litros de agua. Por favor, al inodoro NO.
¿A la tierra? Claro que no. Contamina el suelo (además resulta muy engorroso y complicado en esta ciudad de asfalto)
Entonces, a la basura. ¿Cómo? ¿En una bolsita? Lo probé, ojo que demanda enormes cantidades de energía, paciencia y detergente. ¿Recolectándolo en una botella? Es más fácil que en la bolsa, pero requiere espacio y organización (además de un embudo)
Suponiendo que hayamos resuelto el modo de tirarlo a la basura no estamos liberados de responsabilidades ya que nuestro amigo recolector nos informará amablemente que eso no se puede (si se trata de un volumen considerable generado por un comedor infantil, lo dirá con mayor vehemencia).

- ¿Qué no se puede?
- Tirar el aceite usado en una botella.
- Ah… no se puede. ¿Por qué?
- Porque es una basura especial.
- ¿Qué hago entonces?
- Llame al gobierno de la ciudad.


En internet me enteré que el aceite vegetal usado se recicla, se transforma en biodiesel y se utiliza en la Ciudad de Buenos Aires (en un 5%) como combustible para un camión recolector de residuos usado como prueba piloto.
Ahá, bien. Entonces… ¿qué hacemos con el aceite usado?

- ¿Agencia de protección ambiental?
- Si digame
- Lo llamo de un colegio privado de la ciudad.
- Si digame
- Por el tema del aceite vegetal usado, para saber cómo debemos actuar en el desecho.
- Si digame
- ¿ustedes tienen un servicio de recolección de aceite usado?
- A ver… ¿de dónde me llama?
- De un colegio.
- ¿Son generadores?
- ¿Generadores?.. ehh…
- ¿son generadores o no?
- Si quiere decir si “generamos aceite usado” si, por eso mi pregunta…
- ¿PERO SON GENERADORES? (interrumpiendo)
- Disculpe señor, no lo entiendo.
- Primero se tiene que inscribir en el registro.
- ¿En el registro de generadores de aceite? (ahogando la risa)
- Si
- Ah… ¿eso es para poder tirar el aceite en el lugar adecuado?
- Puede ser que le retiren o no. Depende.
- Leí que en la provincia de Buenos Aires pasan camiones especiales recolectando el aceite por los domicilios, incluso particulares.
- MIRE. En ALGUNOS municipios sí. Pero acá en la ciudad la ley dice que primero hay que registrarse. Usted se registra, presenta la documentación (menciona una lista de papeles engorrosos) va un inspector (empecé a preocuparme) y después de evaluar y registrar el lugar (preocupación en aumento) se le designa un recolector y un controlador de recolección.
- Ah, bueno. Muchas gracias.
- Clic.

¿Y si a eficacia le sumamos eficiencia?
Si para cada evento va a crearse una oficina de gestión y planeamiento, con abundantes recursos humanos y técnicos, la burocracia nos aplastará.
No está bueno llamar para informarse sobre un tema menor y que lo atosiguen a uno con registros, inspecciones y controles periódicos. Sobre todo porque de esos registros, inspecciones y controles periódicos no hubo información alguna hasta que se preguntó.

Bueno estaría una campaña masiva de concientización sobre residuos tóxicos, organizando la recolección domiciliaria o instalando contenedores en las calles para uso específico. Cabe aclarar que dichos contenedores deberían servir sólo para resolver el problema del aceite usado y no para beneficio fraudulento de licitadores y funcionarios.
Es más bien facilito… que al fin de cuentas es aceite usado.

domingo, 4 de octubre de 2009

109 grados, 28 minutos

Mientras disfrutaba de la sombra del manzano me sorprendieron las abejas; de súbito me sobresaltaron, pululando entre las ramas.
El recuerdo de alguna picadura de la infancia, que resultó sumamente irritante, me produjo escalofríos. Pero la curiosidad pudo más y me quedé largo rato observándolas.
A simple vista las abejitas semejaban cualquier otra especie animal alimentándose, pero al mirarlas con mayor atención se las veía concentradas en su trabajo: se movían rápidamente entre las flores. Con movimientos precisos y repetitivos iban acumulando el polen en sus patas. Parecía que algunas de ellas cargaban bolsitas amarillas.
Mientras recordaba imágenes infantiles de abejas felices portando baldecitos de miel pensé que no sé nada de las abejas y concluí que ellas han sabido, por lo laboriosas, hacerse de buena prensa en nuestro imaginario.
Durante el asado compartí las sensaciones que había tenido debajo del manzano y aprendí, sin demasiados detalles, que las abejas, mientras recolectan el polen para depositarlo en las celdillas hexagonales del panal y transformarlo en alimento para las larvas, cumplen con un proceso fundamental en el desarrollo de la vida en nuestro planeta: la polinización. Las abejas transportan de flor en flor los granos de polen desde los estambres hasta los óvulos y los fecundan para que puedan formarse las semillas y los frutos.
Me quedé pensando en la vital importancia que tienen las abejas en la continuidad de la vida en nuestro planeta, tal como la conocemos.
Durante el viaje de vuelta lo comenté y obtuve miradas condescendientes. Es lógico; los piquetes, la violencia, la ley de medios audiovisuales y la clasificación de nuestra selección al mundial de fútbol resultan temas mucho más relevantes y adecuados a la conversación flotante y fragmentada del viaje familiar.
Ya en la intimidad del hogar insistí:
– Es que me parece una excelente idea para una historia de ciencia ficción.
– Pffs ... no hinches más con lo de las abejas, es una pavada
.
Como hago siempre que no encuentro interlocutores en el mundo real, me refugié en internet:
– “Si las abejas desaparecieran de la superficie del globo el hombre tendría sólo cuatro años de vida. No más abejas, no más polinización, no más plantas, no más animales, no más hombres”Esta frase atribuida a Einstein sirvió para que el director de Sexto Sentido pergeñara una historia misteriosa y realizara el film El Incidente. –
Cada vez quedan menos resquicios sin explorar.

Descartada la posibilidad de incursionar en la ciencia ficción con las abejas, dediqué un rato a informarme sobre ellas.
Resulta que a partir del año 2006 hubo una desaparición masiva de abejas en las colmenas del Hemisferio Norte, provocando alarma en los apicultores. Los científicos se pusieron a investigar y los conspirativos a proclamar el fin del mundo.
En el número de junio de la revista EXACTAmente (editada por la FCEyN, UBA) hay una investigación de Agustina Falibene sobre el tema del CCD – Colony Collapse Disorder –
Las causas del fenómeno son especulaciones pero “los nuevos pesticidas, los cultivos genéticamente modificados, los productos agrícolas, el cambio climático, los virus, las bacterias, algún patógeno desconocido y hasta los teléfonos celulares están en la mira".
Quise saber más y Santa Wikipedia hizo lo suyo.
Me resultó fascinante el sistema de vida de las colonias. Estos maravillosos insectos se organizan para construir y sostener una súper familia trabajando de forma cooperativa, asumiendo diferentes funciones dentro de la colmena. Los objetivos de la abeja individual son los de la comunidad.

No pude dejar de reflexionar que si la abejas son capaces de desarrollar tamaña organización social con tan sólo 35 días de vida en promedio y el cerebro del tamaño de una semilla de sésamo, la especie humana resulta ser una IDIOTA con mayúsculas.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Abajo las armas...

No me he adherido al pacifismo, ni viceversa.
En nuestro país, tenemos asuntos cruentos que resolver, mas no una guerra.
No somos un estado beligerante, no se ha declarado una guerra civil, y tampoco estamos en la activa y poco ingenua calidad de neutrales en guerra alguna.

“Abajo las armas” es antítesis de “Arriba las manos”.
No es un grito al desarme privado, ni viceversa.
En nuestro país habría unas cuatro millones ochocientos mil armas de fuego en manos de la población civil, sólo el 25% de ellas están registradas en el RENAR.
Las armas, legales o ilegales, están diseñadas para matar y lo hacen con eficiencia. En el Gran Buenos Aires la mitad de las familias estaría armada. La mitad de estas familias armadas lo habría hecho “por la sensación de inseguridad”; el estudio no aclara si lo hicieron para defenderse o para delinquir, ni tampoco con cuál intención decidieron armarse la mitad de las familias restantes. Podemos imaginárnoslo, pero sospecho que la violencia y el delito no se combaten únicamente controlando la tenencia de armas.

La violencia nacional viene en envases diversos:

Escuchar la noticia del escape de un penal de máxima seguridad bonaerense del acusado del homicidio del Sr. Barrenechea es violento. La contradicción que surge lo es: o el concepto de seguridad máxima es alarmante o el acusado, estrictamente, no escapó.

Tratar de entender la premura en el tratamiento de la ley de medios por parte de un parlamento con mayoría oficialista manipulado por el PE, es complejo. Violencia es la justificación que sostienen los legisladores del FPV amparándose en el insostenible argumento de que “se trata de una ley de la dictadura, los argentinos nos merecíamos cambiarla”

Recibir una factura de servicios en la cual se pretende enrostrar a los usuarios un subsidio incomprensible es violencia. Que se incluya un cuadro comparativo indicando la dimensión disparatada de este subsidio, simplificando y mintiendo sobre datos tarifarios de otros países confirma que la administración de recursos energéticos en base a políticas de subsidio resultó ineficiente e ineficaz, carece de previsión y es de una injusticia meridiana (1)

La tergiversación de indicadores es violencia. La manipulación, por parte de organismos oficiales, en los informes estadísticos económicos y sociales es a todas luces un acto violento. Que pretendan justificar su accionar explicando burdamente que hay ciertos índices que es necesario manipular para que cierren las cuentas con el exterior da risa.

La inequidad manifiesta es violenta. Podemos ser más o menos sensibles a la realidad social de los pobres de argentina, más allá de la conciencia social de cada uno, hay una realidad en la que parece aún no hemos despertado; la desigualdad social extrema afecta no sólo a deambuladores de la ciudad que duermen en los zaguanes. Afecta también a los que tienen trabajo y pueden dormir abrigados, a los que tienen más recursos y confort, aún a los más privilegiados. Y no sólo indirectamente. Estamos afectados, vivimos inmersos en la inequidad. Y eso es violencia.
Es violencia vivir en este país que parece ser al país del NO SE SABE.
No se sabe cuánto aumentaron las cosas, no se sabe si los remedios curan, no se sabe si la pobreza es mayor o menor que hace tres meses, no se sabe cuántos chicos mueren por el Paco, no se sabe cuánta gente no tiene trabajo, no se sabe cómo se incrementan exponencialmente los patrimonios de algunos funcionarios públicos, no se sabe cuántos murieron de gripe porcina, no se sabe que destino tiene el superávit fiscal, no se sabe si se hará justicia.


(1) Tarifa eléctrica según una consultora privada: (Expresada en milésimos de dólar por KWh)
EDENOR/EDESUR, Argentina 31.9
Chilectra, Chile 205.6
Light, Brasil 140.6
UTE, Uruguay 160.3

Cuadro informativo incluido en mi última factura de electricidad:
Sin tener en cuenta la diferencia de salarios de cada país ni la realidad energética de cada uno de ellos (es muy diferente autoabastecerse y exportar que ser importadores de energía) si aplicamos una simple regla de tres simple se aprecia la manipulación de cifras por parte del ENRE:
(2) La foto ilustra el estado de abandono y descontrol de la avenida principal de uno de los distritos más poblados del conurbano bonaerense. Obras abandonadas, basura, aguas servidas, puestos ilegales, venta de comida sin inspeccionar, falta de limpieza y señalización.Barbarie y asco. Lamentable estado de la estación de la ciudad de José C. Paz cuyo intendente es el mismo señor que contribuyera a la última campaña electoral como jefe estratégico y aportara entusiastas contingentes de seguidores. También eso es violencia.


domingo, 16 de agosto de 2009

El empleo del tiempo

En la antigüedad, el empleo del tiempo estaba consagrado a asegurar la propia supervivencia (hogar, comida, seguridad) y a honrar a los dioses.
Las sociedades más complejas ampliaron su horizonte: crecieron las ciudades y con ellas las instituciones políticas, las prácticas religiosas, las obras públicas, el hambre y la guerra.
El empleo del tiempo en tiempos de paz estaba, en la antigüedad clásica, en manos del estado.
Se organizaban vastos y costosos eventos destinados a dar cohesión e identidad al pueblo. También lo entretenían, daban cauce a su energía y lo asombraban con el poder y la magnificencia del espectáculo. El pulso de la vida antigua estaba impregnado por eventos religiosos, deportivos y lúdicos.
Múltiples efectos, múltiples propósitos.
Los Juegos celebrados en Olimpia de la Antigua Grecia, servían para dar cohesión y sentido a las ciudades helénicas. Los Circos Romanos, grandes instalaciones lúdicas extendidas por las ciudades del Imperio, panem et circenses para el pueblo.

El estado y la nación resultan términos modernos, pero las prácticas de quienes obtenían un mejor pasar por tener en sus manos la administración de los recursos, resultan semejantes.
El imperialismo, la conquista y el dominio de otros pueblos requirieron abundantes bienes materiales y personas dispuestas a dar su vida y su tiempo, y la creación y sostenimiento de una identidad, que incluyera a un enemigo para dar sentido a la lucha.
Para ello sirvieron la religiosidad y sus manifestaciones monumentales.
A otras sociedades también les fue útil la naturaleza indómita, como el Río Nilo un frente de batalla natural para cohesionar esfuerzos.
La mayoría tuvieron sus otros y sus héroes.
Relatos, mitos y leyendas sobre hombres parecidos a los hombres reales, pero dotados con elementos únicos que los transformaban en semidioses. Fueron reyes, fundadores de dinastías o de imperios, profetas o presidentes.

El empleo del tiempo, treinta siglos después, sigue en manos del estado.
El control se ha perfeccionado, en el medio aparecieron el reloj, la televisión y el teléfono móvil; Hollywood e Internet.
Bastante antes de la post-modernidad, Argentina era para los argentinos el país de la abundancia. En la posguerra, habían confluido algunos mitos para dar forma a esa nación inventada: el granero, la carne, la pujante industria, las cultas clases medias y la clase obrera que estaba en el paraíso.
En ese paraíso vivían, junto a los arquetipos nacionalistas reproducidos por la escuela, sus héroes populares: los mártires políticos, los mártires culturales y los deportistas.
En los 50’ se galvaniza la nación, surge una patria deportiva y los medios de comunicación multiplican y reafirman las epopeyas de sus héroes.

“En el estallido de identidades que algunos llaman posmodernidad, el fútbol opera como aglutinante: es fácil, universal y televisivo. No es la nación, sino su supervivencia pulsátil. O, quizás, la forma en que la nación incluye hoy a quienes, de otro modo, abandona” (Beatriz Sarlo, “Una comunidad llamada Nación” – Diario Perfil)

Hoy, el Fútbol, pasión de multitudes, entrona héroes que llegan desde la humildad, e incluso desde la villa y la exclusión social. Hay una ilusión de igualdad en ese ascenso, una identificación, una esperanza. Sin relatos, sin narrativa, sin Victor Hugo (1), sin Homero (2) los Héroes no podrían alcanzar su esencia.
La globalización diversificó el control de los recursos ideológicos, incluyendo cada vez más contenido económico, en detrimento del contenido político, simplificando el rol de ciudadanos al de consumidores.
Los medios se privatizaron y el estado perdió, en ese tránsito, el control discursivo, quedando inmerso en ese fusilamiento mediático del que se queja nuestra presidente (eventual tenedora del control de los recursos del estado)
No es de asombrarse que ese mismo estado intente asegurar la divulgación de las hazañas deportivas pagando 600 millones de pesos para adquirir los derechos televisivos del campeonato local de fútbol.
Actúa defensivamente. Parece descabellado pero tiene su lógica.
Lo verdaderamente atroz es que está lógica está atrasada, casi como 3000 años.

(1) Morales.
(2) El poeta griego.

lunes, 3 de agosto de 2009

Shhh…


Estas vacaciones de invierno pude viajar.
Después de pensarlo un poco decidimos ir, en familia, a Rio de Janeiro.
Fueron unos hermosos días. Me quedaron muchas cosas estimulantes para escribir: la historia de las veredas, la bahía increíble, el mar verde esmeralda.
Podría contarles sobre el pintoresco barrio de Santa Teresa, o el de Leblon tan paquete y con el sushi más rico del mundo.
Podría divertirlos con alguna anécdota genuina o recreada o compartir mis reflexiones acerca del contraste entre el mundo real y la maqueta.
Podría por qué no, palabrear los olores, los colores, los sonidos de las muchas sensaciones que me dejó esa ciudad maravillosa.
Podría hasta regodearme en la saudade.
Cuando venga el impulso escribiré más largo, mejor y sobre cosas más profundas, pero hoy permítanme dejar una reflexión enorme y contundente:

Los cariocas están más buenos que las Criollitas con manteca y dulce de leche.
¡Qué hombres, por favor, qué hombres!

domingo, 5 de julio de 2009

Punto de vista


Allí por 1958 Claude Lévi-Strauss escribió Antropología Estructural.
Leí algunos capítulos hace tiempo, cuando cursaba Antropología Histórica en el CBC.
Uno tiende a olvidar (al menos yo olvido casi todo) muchas de las cosas que lee cuando dejan de ser objeto de estudio; hoy leyendo un articulo, me acordé de Levi-Strauss y de su intención de analizar los fenómenos humanos bajo un método científico que permita conocerlos sin contaminarlos, resguardando sus matices y su diversidad.

“BUENOS AIRES, jul 1 (Reuters) - La rápida expansión de la gripe H1N1 en Argentina amenaza al tradicional rito del mate, la infusión local por excelencia que se toma en grupo y de un mismo recipiente y que ahora los médicos piden que no se comparta para prevenir la propagación del virus.
En todas las casas argentinas hay al menos un mate, un pequeño cuenco donde se coloca agua y yerba, que se sorbe a través de una bombilla y que cotidianamente se comparte con colegas de trabajo, grupos de estudiantes y en reuniones familiares y de amigos. (…) La bombilla que se introduce en el líquido termina en forma de una almendra llena de agujeritos, para que pase la infusión y no la hierba.
Para muchas personas, la bebida está asociada a compartir un momento con otros. A veces, de las ruedas o "mateadas" participan hasta 10 personas y la bombilla del mate que pasa de mano en mano y de boca en boca no suele limpiarse….”

“…Todavía encienden el fuego frotando dos palos, como algunos pigmeos y aborígenes australianos. Sus ropas consisten en un pequeño taparrabos, y los hombres se ciñen el prepucio a la cintura con el kume, una cuerda de chambira. Otra característica por la que se les conoce es por tener un total de 24 dedos, rasgo diferenciador, que proviene seguramente de las uniones entre primos hermanos para preservar su etnia…”

No alarmarse, el párrafo violeta habla de otra gente.
Me pregunto si los Huaorani, si pudiesen leer el descriptivo relato con que se los distingue, sentirían lo mismo que yo.

domingo, 28 de junio de 2009

Agosto, condado Osage.

Una tarde fría andábamos con Fede por la Avda. Corrientes buscando afanosamente un lugar acogedor en el que sirvieran rico café con leche con tostadas de “pan de pan” y tuviera Wi-Fi. Después de caminar unas cuantas cuadras, mientras le explicaba mi loca idea de que el invierno no empieza el 21 de junio y él trataba de disuadirme de continuar especificando solsticios y equinoccios, dimos con El Vesubio, aparentemente la primera heladería porteña. Recomendamos el chocolate con churros.
Con la pancita llena y el corazón contento cruzamos la avenida hasta el Lola Membrives, para comprar entradas para AGOSTO.
Era domingo, la función estaba por empezar y en la boletería había jaleo. Pero yo, intentando detener un infortunio, antes de elegir ubicación y pagar le aclaré al vendedor.

- Yo soy hipoacúsica. No oigo bien. ¿Cómo es el sonido en la sala?
- Tienen micrófonos, se escucha fuerte y claro en toda la sala.
- ¿Micrófonos personales? Mire que yo oigo muy mal. ¿Voy a entender desde esa ubicación?
- Se escucha perfectamente en toda la sala.
- ¿Cómo en el cine?
- Si, como en el cine.


Conseguimos entradas para el miércoles. Ese día fuimos ansiosos al teatro, hace rato que teníamos ganas de ver AGOSTO. Ni bien terminamos de ubicamos empezó la obra a sala llena.
En un costadito del escenario están Juan M. Tenuta y una joven desconocida para mí. Él está hablando, puedo oírlo, pero no entiendo ni una palabra.

- ¿Vos escuchas bien?
- Si, mi amor, perfecto. ¿Vos no?
- No, no entiendo nada. ¿Hay micrófonos, hay parlantes?
- Creo que no, o si. No sé. No me doy cuenta, pero escucho perfectamente.
- Yo no escucho nada. NADA.
- Huy… ¿qué querés hacer?
- A ver… esperá… por ahí es él sólo el que no tiene micrófono.


Digo esa estupidez mientras busco la bolsa de confites Sugus en la cartera. Mastico siete seguidos. Me remuevo en la silla, incómoda. Pongo mi mano detrás de las orejas (como Riquelme cuando hace gol)… nada.
Miro atónita a los demás. Todos parecen entender perfectamente.
Al ratito empiezo a fastidiarme.
A los diez minutos estoy francamente angustiada.
Me esfuerzo en vano para entender algo.
Me canso.

- Vos quedate acá. Yo voy a ver que puedo hacer, ¿te parece?
- Como quieras…
- Quiero matar al boletero.
- Voy con vos…
- No, mejor quedate. Si no vuelvo disfrutá. Yo voy a estar bien. Te mando mensajito.

Salgo molestando a la fila en busca del señor de la boletería. Lo encuentro justito cerrando el boliche. Le explico, dice que se acuerda de mí y llama al productor (no Daniel Grinbank, un secuaz) con el manifiesto intento de salir de la situación.
El productor, un muchacho lleno de cables y excitadísimo, me escucha sin atención mientras saluda a un grupo de gente que sigue llegando.

- Disculpáme ¿me estás escuchando?
- Si. Decime.
- Te decía que cuando saqué las entradas advertí que soy hipoacúsica.
Me dijeron que se escuchaba bien pero no escucho nada.
- …
Advierto un gesto de conmiseración, lo ignoro y prosigo.
- Estoy con mi novio en el pulman.
- Ahh.
- …
- Tengo la sala llena, sino encantadísimo.
- ¿Encantadísimo de qué?
- …
- Yo no estoy encantadísima de nada.
- …
- Es como si estuvieran hablando en checoslovaco, ¿me explico?
- Uh, claro. A ver… vení …


Me lleva hasta la última fila de la platea contra la pared (donde ya hay ubicadas unas diez sillas extras, ocupadas)

- ¿Y acá? ¿Podés escuchar?
- No, nada. ¿Dónde están los parlantes?
- Tengo el teatro lleno…
- Me alegro por ustedes.
- Hay UNA ubicación más cerca, pero no sale a la venta.
- …
- Te puedo ofrecer ese lugar.

Me lleva hasta un asiento ubicado detrás de los palcos bajos, en el extremo de la fila treinta aproximadamente. Desde allí sólo podía ver la mitad del escenario. Pero estaba más cerca, podía oír algunas palabras.
Esforzándome mucho, con imaginación y creatividad, podía hasta entender la obra (que a esa altura de los acontecimientos ya estaba bastante avanzada)
En el entre-acto subí a ver a Fede. Le expliqué donde estaba, mintiéndole acerca de mi disfrute y comprobé que él realmente estaba pasándola bien. Eso fue suficiente para seguir.
De vez en cuando la risa de la gente de alrededor me contagiaba. Eso sí: nada de lo que ocurriera en la mitad derecha del escenario podía ser percibido por ninguno de mis sentidos.
A Fede la obra le encantó. Lástima que la vimos separados.
Al otro día escribí un larguísimo mail y lo envié al teatro, al director y al productor.
El único que me respondió amablemente fue el director (Claudio Tolcachir), quien luego de excusarse acerca de su imposibilidad para ofrecerme dos buenas ubicaciones (es notable como ha decaído la capacidad de poder hacer que tiene la gente que, se supone, puede hacer) me envió por mail el guión (adaptación de Mercedes Morán del original de Tracy Letts)
Muy bueno, disfruté la lectura recordando los gestos de los actores que acompañaban las palabras, ahora escritas, develadas para mí.
Muy bueno. También mi versión libre desde la fila treinta detrás de los palcos bajos estuvo buena.
Pero lo mejor de AGOSTO, para mí, fue que sirvió como piedra de toque para que al fin, para beneplácito de amigos, parientes y demás, yo decidiera agenciarme un bello audífono.



Soy feliz, hoy descubrí dos sonidos nuevos:
El shiits shiits de las hojas del libro al pasar.
El sruiiish sruishhh de las hojas de árbol secas en el piso al pisarlas.

jueves, 4 de junio de 2009

A los botes

Este Blog tiene un amable lector, políticamente correcto él, quien insiste en desaprobar mi autodefinición de “sorda y pelotuda”; de más está aclarar que una cosa es que lo diga yo y otra, muy otra, es que atine a decírmelo otro. Aclarado está, no se hagan los vivillos.
De pelotuda tengo unos pocos pelos y ser hipoacúsica significa simplemente oír menos, podría significar oír nada, u oír casi nada y sería lo mismo. No hay estigmas.
Perogrullo resulta aclarar que oír menos no significa pensar menos o más ni viceversa.
Por eso insisto con lo de sorda y pelotuda.
Yo les confieso a ustedes amiguitos que cada vez que me cruzo con algún sujeto que concluye que por el hecho de que yo no haya oído lo que dijo, ni me haya reído/asombrado/dado indicios de haber entendido sus palabras o por haber pedido que me repitieran algo más de una vez, más de dos o tres veces inclusive, eso me convierte en plausible de ser burlada, ese sujeto no hace más que dar ejemplos abultados de estupidez.
Habiendo soberbios pelotudos de plenas facultades auditivas que ignoran su condición, ¿cómo no iba a haber una hipoacúsica capaz de reírse de sí misma?
En eso estamos.

Ayer iba con mi chico en el subte (tengo novio, si, muy contenta, si, gracias, otro día les cuento) él hablando y hablando entusiasmadísimo de no me acuerdo qué, cuando mi nariz percibió un extraño olor, semejante a madera quemada (íbamos en las antiguallas del subte línea A, algún día añoraremos sus vagones de roble)… madera quemada decía, que me hizo abstraerme por completo de la conversación.
El subte se detiene en una estación y escucho:
- “destino … Plaza de Mayo… detenido… desperfectos técnicos”
Y repite:
- “Atención por favor, se comunica a los pasajeros que la formación … destino … Plaza de Mayo… detenido… desperfectos técnicos”
...
-Tenemos que bajar.
- ¿eh?
-¿No escuchaste? Hay que bajar, ¡dale! Hay olor a quemado.
Dirigiéndome al señor mayor sentado enfrente de mí medio dormido:
- Señor, ¡SEÑOR! Hay que bajar.
Dirigiéndome a los 7 u 8 pasajeros restantes cercanos:
- Hay que bajar, ¿no escucharon? ¡Hay olor a quemado!
La mayoría de ellos descienden obedientes del vagón, incluyendo mi novio, el viejito semidormido y por supuesto yo.
Se cierran las puertas y el subte parte tranquilamente con todos los pasajeros restantes.
Los que bajaron me miran atónitos.
Me doy cuenta de que he cometido un error.
Sonrío.
Me acerco a un guardia recostado sobre los molinetes, quien había estado observando la escena con sorna, le pregunto:
- ¿No dijeron que había que bajar?
- No. Dijeron que el tren que está en Plaza de Mayo no sale.
- Ah. Entendí mal.

Hay nueve pares de ojos mirándome con diferentes expresiones.
Me surge un espontáneo ataque de risa.
- Tomamos el siguiente, no importa. Dice mi novio, conciliador.
Mira a las personas (creo que eran todos hombres) y les dice tocándose la oreja:
- ella no escucha bien.
Desde mi ángulo de visión ese gesto podría interpretarse como “está un poco loca”.
Me da más risa. Aparecen señales de conmiseración.
- Perdón, perdón me equivoqué. Disculpen. Digo tratando de mantener la seriedad.

Por suerte, segundos después aparece la próxima formación y todos respiramos aliviados.
Creo que alcancé a oír “pobre muchacho” pero no podría asegurarlo.
Y sí. Pobre.
Pero aburrirse, ¡nunca!

"Potrero"

Diego Armando Maradona dixit.
Junio, 4 2009

miércoles, 27 de mayo de 2009

Sorpresa

Los que leyeron esto y disfrutaron esto sabrán entenderme.
Anoche fui con una amiga al teatro EL CUBO para ver un espectáculo musical (era la última función, pero si reponen en otras tablas lo recomiendo)
Los tres protagonistas excelentes.
Salíamos de lo más gratificadas dispuestas a saludar al cantante de la obra cuando ...oh oh... diviso entre la gente (teatro lleno, gran convocatoria) al gran maestro.
Que emoción, no pude dejar de manifestársela.
Más vale guardarse la verguenza para actos atroces. ¿No?
Volví feliz.


domingo, 17 de mayo de 2009

Ser otra

Con una pesada carga en sus espaldas esa mujer va caminando.
Es otoño o inicio del invierno. Más que por los indicios habituales lo supe por el olor. Hay olor a hojas secas en el aire, a aire húmedo y frío. Olor a hojas quemándose y a leña mojada.
Nunca sabré que lleva en su espalda. Lo que sea está colgado de los hombros, como una mochila.
Entre sus labios hay un cigarrillo apagado o un palillo de árbol seco. Hay algo entre sus labios, no sabré qué es.
Camina sobre las hojas secas, cerca de una costa de mar, laguna o ancho río. Hay agua que hace horizonte a su derecha.
Camina y se interna entre los árboles siguiendo las piedritas y las huellas que han dejado las pisadas y los automóviles.
Se detiene en una casa de ladrillos celestes, una casa pequeña, con grandes ventanas de vidrios lisos, sin rejas ni postigos. Adentro hay luz tenue de reflejos amarillos, parece iluminado con velas. Desde afuera se ve un único ambiente: una barra de cocina y sobre ella una campana rodeada de sartenes alegremente dispuestas. Cerca de la ventana hay sillones, alfombras, mantas, canastos y un perchero lleno de sombreros. Es agradable, hay ramilletes de flores secas por todas partes y un enorme y moderno TV colgado en la pared más grande.
Alguien sale de la casa. La mujer pide indicaciones.
- Pasando ese tanque, doblando a la izquierda. La calle de la mansión, más adelante, a la izquierda.
Sigue caminando. Puedo ver sus pies, lleva borceguíes Caterpillar y medias de lana a rayas multicolores, esas típicas del altiplano andino.
No es delgada, pero es ágil y persiste en su camino. Luego sabré que tampoco es joven.
Levanta su mirada y me deja ver: está mirando una especie de silo en altura, una gran construcción circular de madera con pintura descascarada. La torre está lejos y no hay un camino recto. Baja la cabeza y sigue caminando.
El cielo está gris, hay algo diáfano en el aire. La naturaleza se mueve despacio. Alguna paloma, alguna hoja, algún crujir bajo sus pies.
El camino de huellas se pone difícil, barroso. Se le hunden los borceguíes en las huellas anchas que han dejado las ruedas de los autos que surcaron la calle.
- Debe ser un camión o algo muy pesado para dejar huellas tan profundas, pienso.
Ella sigue caminando en silencio tratando de no pisar el barro fresco y revuelto por las ruedas, buscando la parte más lisa de la calle. Hay una especie de ceniza blanca cubriendo todo el camino. En las partes lisas es más perceptible, se ha amontonado allí como si se tratara de musgo. Es una capa seca de polvo gris que al pisarla se resquebraja y agrieta. Es crujiente como escarcha.
Una enorme y lujosa camioneta aparece desde atrás. Ella se hace a un lado en el camino. La camioneta pasa lenta y silenciosa dando tumbos, la conduce un hombre. Ella lo mira y saluda con cierta falsedad.
- Lo hará por cortesía, este lugar es un páramo y ese hombre está próximo a convertirse en su vecino más cercano, pienso.
Él responde su saludo con un movimiento de cabeza, la mira desconfiado detrás de sus vidrios blindados. Ella no lo conoce. Yo sí: es Tommy Lee Jones. No puedo explicar como llegó aquí, ni porqué la mujer siente un odio visceral hacia él. De puro instinto lo relaciono con la ceniza gris del camino.
La camioneta hace nuevas y profundas huellas en la calle, dobla a la derecha y se interna en un sendero angosto. Al llegar a esa bifurcación la mujer se detiene, se pone en puntas de pie tratando de ver entre las matas de arbustos y logra divisar una torre blanca y cuidados jardines. Niega con la cabeza en señal de desaprobación, mordisquea lo que tiene entre sus labios y sigue caminando.
Más adelante, sobre el borde izquierdo del camino, se ve una pequeña casa de madera construida sobre pilotes. Tiene dos pisos, techo a dos aguas con cumbreras y chimenea. La embellece la galería adornada con cenefas y los balcones. La casa empieza justo en el borde del camino; ese detalle y las dimensiones diminutas le otorgan un aire surrealista. La construyeron íntegramente en madera. Parece no haber recibido pintura alguna, se ve seca y opaca. Está vacía.
- No está mal, dice.
Sé que es allí donde eligió terminar sus días.
- Acá seré feliz, dice.
Sé que hay algo de verdad en todo eso.
Llega al frente de la casa, se para erguida en el borde del camino y respira profundo. Estática examina el lugar, parece satisfecha. Camina hacia la escalera desvencijada y ve y me deja mirar algo que llama su atención: un enorme y peludo gato rojo está durmiendo en el rellano.
Ella se agacha, lo alza y él se deja acariciar. Entonces puedo ver sus manos, lleva guantes rayados iguales a sus medias, de esos que dejan los dedos libres. Es negra.
Acaricia al gato y siente y me deja sentir la suavidad de sus pelos.
Se ríe con ganas y pienso:
- Hermoso gato.
Con ese pensamiento me despierto.
- Que sueño raro, como para escribirlo.

sábado, 9 de mayo de 2009

Encrucijadas Femeninas


¿Permasec o extra-suave?
¿Lo llamo o espero?
¿Tarjeta o efectivo?
¿La invito o no la invito?
¿Comfort o Vívere?
¿Color ciruela a la moda o negro tradicional?
¿Sigo discutiendo o me hago la boluda?
Son liviandades, claro.

Hay difíciles, por ejemplo:

EAST WEST
¿...?

lunes, 4 de mayo de 2009

Crucigrama

I
Ese sábado soleado el yesero había llegado temprano; tenía que trabajar en la planta baja. Era una casa “de altos” en San Telmo, destinada a vivienda familiar. Se construía con moderado lujo, la casa era grande y muy bien ubicada.
En el piso superior había un bullicio de latas, rodillos, escaleras y pinceles.
El dueño del edificio, un conocido prestamista del barrio de Montserrat, confirmando su fama de avaro, había decidido encargarse personalmente de la pintura final de la obra.
- El pintor me pasó una barbaridad, fíjese usted. Por esa suma me encargo yo.
En la pinturería de la plaza le vendieron los insumos y le explicaron con desgano y sin detalles la tarea a realizar. Y allí fue el tipo, creído en su soberbia de hábil financista que el trabajo manual era cosa fácil, a dedicarle todo el sábado a los dormitorios de la casa nueva.
De nada sirvieron las protestas de su esposa ni los reclamos de sus hijos.
- Este sábado nos quedamos en la capital. Dense una vueltita por Venezuela a eso de las seis con té y masitas.
Era 1970, las primeras casitas de fin de semana cobraban forma en el conurbano bonaerense. El prestamista había comprado unos lotes en San Miguel y sus hijos esperaban los sábados con ilusión para salir del oscuro departamento donde vivían amontonados.
Los albañiles terminaron temprano, a las 11 ya estaban listos para volver a Lanús. Dejaron a un peón, el Luisito, para que limpiase y ordenase las herramientas.
- Tenés tiempo hasta las 12, después te podés ir, le dijeron.
El yesero, un muchacho prolijo y afable, rondaba las carreras con frecuencia. Por entusiasmo y porque los caballos estaban de moda. Esa mañana había sonado el teléfono insistentemente en la obra.
- Para usted don Chiche, tiene teléfono.
El yesero dejó a un lado sus herramientas pensando que seguramente se trataba de su esposa o tal vez de su mamá, para encargarle alguna compra de último momento. Las mujeres habían organizado un encuentro familiar para esa noche, habría trajín en las cocinas.
No eran cuestiones domésticas. Era su padrino.
- Chiche: llegó el día. En la primera carrera jugale todo a “Crucigrama”, va a pagar bien. Lleva todo lo que tengas. Es una fija. Acordate, la primera carrera. No llegues tarde, ¿eh?
El trabajo era, además de una fuente de ingresos, su pasión y solía distraerse en él. Por eso le pidió al peón que le avisara a las 12, que no se olvidara, ya que tenía algo muy importante que hacer.
Siguió trabajando mientras repasaba mentalmente lo que luego haría: guardar sus herramientas, bañarse y cambiarse, buscar la camioneta. Hizo cálculos del tiempo de viaje hasta San Isidro. Trazó mentalmente la mejor alternativa para el recorrido.
Como no era hombre fantasioso, no se puso a soñar con el dinero, no imaginó cambiar la camioneta ni remodelar el cuarto de la nena. Pero el entusiasmo le iba ganando lugar a la calma mientras corría la mañana.
Al rato Luisito le pegó el grito:
-Son las doce don Chiche, yo terminé, salgo nomás. ¡Me voy!
El peón apagó la radio al salir. Quedó en silencio. Empezó a guardar sus cosas mientras escuchaba al prestamista fatigándose con las latas en el piso de arriba.
Antes de salir subió a saludarlo.
En la vereda buscó la argenta roja, la había dejado a unos metros de la obra. La vio y sintió esa calma relajada que todos sentimos al encontrar nuestro auto en el lugar donde lo dejamos. Imagino que sonrió.
Desde la vereda oyó un estrépito. El ruido provenía de la obra. Subió asustado los escalones de dos en dos y encontró al prestamista en el suelo, inconsciente y rodeado de un gran charco de sangre. Había caído desde la escalera y seguramente una lata de pintura le había provocado un profundo corte en la cabeza.
No dudó. Tomó una toalla, la envolvió alrededor de la cabeza del hombre y con esfuerzo lo cargó. En la vereda le indicaron que el hospital quedaba a “siete cuadras derecho”.
Desde allí llamo a la esposa del pobre hombre; llegó a la hora y media desesperada junto con sus hijos.
Estaba impresionado.La policía le informó que no podía retirarse sin antes realizar una declaración. Salió del hospital a las cuatro de la tarde.
Al rato se enteró que Crucigrama fue el caballo ganador de la primera carrera, como estaba previsto. Y que pagó muy bien, tal como su padrino le había anticipado: setenta y cinco pesos. El padrino era un buen hombre, pero la impotencia que le causó la situación lo hizo sentenciar:
- Lo hubieras dejado ahí. No puedo creer como te perdiste eso.

II
En ese caballo no pensé más, para no hacerme mala sangre. Tampoco tuve otra fija como esa. Esas cosas pasan solo una vez.
Años después necesitaba una plata para poder terminar el chalecito que estaba construyendo, había una inflación terrible y los materiales cambiaban de precio todos los días. La única manera de hacer diferencia era poder acopiarlos. Entonces me acordé de ese prestamista.
Yo no pretendía que me hiciera una atención, no para nada. Pero como justamente el hombre se dedicaba a eso.

- ¿Y que pasó?
- Me lo negó.
- …
- Entonces me acordé de mi padrino, por ahí tenía razón; debería haberlo dejado ahí.
- No me parece, papá.
- …
- Imaginate, estaríamos un domingo soleado como hoy, yo te preguntaría como fue que armaste la constructora. Y vos me dirías que un sábado, cuando yo tenía dos años, te llamó tu padrino y te pasó una fija. Y que salió bien. Y que ganaste mucha plata. Pero que estuviste a punto de no ganar nada porque justo un hombre se cayó y casi dejás de ir al hipódromo por llevarlo al hospital. Y yo te preguntaría que pasó con el hombre.
“Murió desangrado” me dirías.


Chiche se ríe de la ocurrencia, se le iluminan los ojitos y me acerca el mate.

sábado, 2 de mayo de 2009

At The Cafe

El jueves, luego de un tiempo sin vernos, convenimos encontrarnos a tomar un café. Él es un amigo real, no de esos a los que las mujeres solemos decir amigo, cuando en verdad se trata de un tipo que nos calienta lo suficiente para transárnoslo, pero no completa todos los casilleros para calificar de novio. O viceversa.
Mariano es amigo-amigo, sin más. No se me ocurre visualizar casilleros con él y estoy segura que él, más allá de haber dejado caer sus pupilas en mi escote (de puro instinto), tampoco.
Mariano es un hombre íntegro, con esposa adorable. Exitoso y querible. Un torbellino de actividades. Energía arrolladora.
Llegué al lugar antes que él y busqué una mesa cercana a la vereda, beneficiada con el último sol de la tarde . A Mariano le gusta mirar pasar a la gente. En eso es apacible. Me puse a pensar en sus silencios, es un sujeto de silencios disfrutables.
Pasó un rato, pedí una coca-cola, el calor persiste en Buenos Aires. En mi balcón la Santa Rita, desorientada, se llenó de flores otra vez.
El teléfono se mueve en la mesa:

- “Llego tarde. No te vayas.”¿Qué será “tarde”: diez minutos, quince, media hora?. Pucha, no traje el libro.
Estoy leyendo una compilación de Bioy Casares, libro gordo y pesado para cargar.
Podría entretenerme con un solitario, pero tampoco traje la Palm.
Está refrescando, tampoco traje el saquito. ¿Para qué salí tan apurada?
Ya sé para qué: para no ser siempre yo la que llega tarde.

- “ok, te espero hast… (¿qué será adecuado esperar? ¿media hora?) … ta las 7:30”
Hasta las 7:30 serían 40 minutos. ¿40 minutos no será mucho?

Llega Mariano, abre su celular, sonríe.

- ¿No me ibas a esperar?
- Si, puse "hasta las 7:30”
- Te ibas a ir… bueno, si estás apurada…
- No Mariano, te iba a esperar.


Muestra desacuerdo; ese gesto me recuerda a cuando con su hermana estábamos seguras que Mariano era “medio rarito”. Eso fue antes de que conociéramos a Flor, su primera novia.
Me disperso y cuando vuelvo en mí Mariano está hablando como si leyera un catálogo costumbrista del matrimonio.

- Vos no sabés de la que te salvaste.
- ¿De qué me salvé?
- La convivencia mata.
- …
- El matrimonio debería ser un contrato renovable.
- ¿cómo sería eso? (ahogando una risa)- Fácil, funcionaría como con los contratos de alquiler. Si todo va bien se renueva.
- ¿Cada cuánto?
- A medida que va avanzando la pareja se ampliarían los plazos. Lo mejor sería a los tres o cinco años, luego a los diez, luego a los veinticinco, algo así.
- ¿Qué se ganaría con eso? Existe el divorcio, el matrimonio no es un viaje de ida.
- ¡Se ganaría muchísimo! (eufórico)
- …
- No hay mujer más adorable que una novia en etapa previa al casamiento. No es idea mía, no me mires así colorada. Preguntále a otros.
- No seas machista, por favor.
- No soy machista. Estoy siendo RE-A-LIS-TA.
- …
- No mires para el costado, no te hagas la que me escuchás. Mirame bien, leé mis labios: el contrato renovable sería la salvación. Por empezar las minas, movilizadas por la cercanía de la renovación, harían buena letra. Ya sabés.
- No. No sé. (demostrando fastidio)- ¡Cómo que no! (más eufórico) Más sonrisas, menos caras largas. Más comida casera, menos delivery. Más gimnasio, menos televisión.
- Sólo te falta decir “más plancha, menos facebook” para aprobar Machismo IV. ¡No seas cavernícola, por favor!
- Já, te quiero ver la semana anterior al vencimiento gastándote las rodillas.
Se ríe de su chiste pueril, pide otra cerveza. Temo lo peor. Trato de cambiar de tema. Le pregunto por su negocio. Por sus clases de violín. Se las arregla para volver, como una calesita, como un disco rayado, siempre al mismo lugar. Estereotipado y poco original lugar.

- Es muy difícil plantear un divorcio cuando lo único que se tiene para decir es “estoy aburrido”. El fin del contrato facilitaría las cosas. No habría trabajo sucio.
- (...) ¿Tus amigos?
- Igual que yo. Bien, ahí andan.
- ¿Hablas con ellos de esto?
- No. Ni loco. Pero la idea del contrato renovable fue de uno de ellos. De Sergio, te hablé de Sergio el que tiene una importadora de semillas, Sergio lo planteó seriamente. Como el tema de los prenupciales. Un acuerdo interno. Y la mina aceptó.
- …
- No te asombres colorada; eso de la liberación femenina es una farsa.
- …

Miro mi reloj, siento que pasó una eternidad pero, para mi asombro, apenas son las ocho.

- Te dije que te esperaba hasta las siete y media. Son las ocho.
- ¿Eh?... Pero vine antes, ¿no?
- No sé.
- ... (confuso)- Bueno, hablamos. Me voy Mariano, me duele la cabeza. (irónica)- Uh… bueno ¿te alcanzo?
- No, gracias. Te quiero mucho, cuidate.


Huyo. Si todo lo que dijo lo hubiera escuchado de boca de otro (había escrito “un taxista”, lo autocensuré) estaría burlándome de su simpleza. Pero lo dijo mi amigo Mariano, un muchacho lúcido y observador. ¿Sus silencios?, puffss... ausentes sin aviso.

viernes, 3 de abril de 2009

Cortejo

Las manifestaciones masivas siempre llamaron mi atención. No tanto como fenómeno de masas, sino como suma de sentires individuales; me gusta mirar a la gente cuando pone en común sus sentimientos.
No pude quedarme en casa viendo el funeral de Alfonsín desde la TV.
No voy a negarlo; no fue solo curiosidad, también un sentimiento de nostalgia, de extrañeza de cosa lejana y ajena. Y a la vez cercana. Que lejos, que cerca mis ingenuidades de los 14 años. Que lejos, que cerca el entusiasmo por participar. Que lejos, que cerca los ideales, las certezas, la omnipotencia adolescente.
La vida, sus vericuetos, los afanes diarios me sacaron de foco. Sospecho que las mentiras, la desidia, la ineficiencia y las manipulaciones de los políticos acabaron con mi ingenuidad. Vencedores u opositores. Ellos han transformado mi entusiasmo en escepticismo.
Escepticismo del peor, del que puede hacer que una persona pase de votar a Zamora (Luis Zamora, si el del MAS) a votar Menem (si, el mismo) sin escalas ni razones.
De modo que fui al funeral buscando gente para espiar y sacar fotos y terminé en un viaje interno que me dejó algo abrumada.
Llegar fue fácil, son algunas estaciones de subte nada más, bajé en Sáenz Peña y subí por Avda. de Mayo. De lejos se veía el tumulto frente al Congreso. Estaba terminando la misa.
Hay un cine grande allí, en sus puertas había 8 colchones de una plaza (sin fundas, solo la goma espuma) con unas 15 personas mujeres, adolescentes y niños durmiendo profundamente al resguardo de la llovizna. Enroscados entre sí, ocultando sus caras y tapados con harapos. Como la mayoría de la gente que duerme en las veredas de la ciudad.
Los que caminábamos hacia el evento los pasamos como quien pasa un árbol sin hojas.
Con la democracia se come, se cura y se educa. Escuché en estos días parodiar a un periodista esa frase de Alfonsín. Todavía no entendí cual era el sentido de la parodia. A pesar de esos 15 indigentes, sigo sin entender.
En Corrientes y Callao la gente se amontona.
Un pequeño grupo discute con un funcionario policial porque no había cortado el tránsito sobre Corrientes y los autos y colectivos seguían circulando exponiendo al peligro a numerosas personas.
Un señor alto y circunspecto me dice
- estamos acostumbrados desde hace años a que se junten 6 piqueteros y corten la calle y ahora… ¿qué están esperando?
El funcionario policial se justifica diciendo que él no podía dar la orden de cortar por que sí, que “debían darla de arriba”.
Una señora de piloto elegante le pregunta con ingenuidad
- ¿Del helicóptero?
Ahogué una carcajada. Para ser pelotuda no es necesario ser sorda. Me encantó esa señora, seguramente en 30 años voy a ser así. Ojalá.
Finalmente cortaron Corrientes y nos acomodamos mejor.
Algunos periodistas merodeaban en busca de notas para llenar el espacio televisivo que a esas horas debería ser de una monotonía agobiante; una chica de canal 9 intentó acercarse, hice un gesto rotundamente negativo y, por suerte, desistió.
Pasó la escolta de Granaderos a caballo Gral. San Martín, llamativamente eran muchos y una parejita comentó:
- Al final Cristina tuvo que entregar los granaderos.
- Se debe querer matar.

Pasó el camioncito militar, tras él la cureña con el féretro.
La emoción de la gente me alcanzó, atravesó y me dejó como suspendida en una sensación de ausencia y desasosiego.
Un señor detrás de mí estaba igual de conmovido. Creo que me dijo “se fue”, no lo oí bien, me quedé callada sin moverme. Fue un instante, pero ese hombre puso su mano en mi espalda en un gesto de consuelo. Fue sutil, pero fui por lana, en “calidad de observadora” y terminé esquilada moqueando en medio de la calle.
En eso estaba cuando una voz destemplada dice
- Esta señora emocionada…
Miro (con odio) a la chica de canal 9, no sé que me molestó más: que fuera de canal 9, que la cámara me sorprendiera moqueando y despeinada, que esos dos estúpidos me convirtieran sin contar con mi aprobación en masa televisada o que me dijera señora. Reaccioné mal, de más. Prácticamente le revoleé el micrófono por la cabeza. Espero que lo hayan editado, me consuela pensar que canal 9 lo ve poca gente.
Como quedé desconcertada por mi exabrupto y no había sacado fotos decidí sumarme al cortejo por unas cuadras. Era cuestión simplemente de ponerse a caminar en el mismo sentido que los demás, nada complejo.
Pero para la sorda y pelotuda hasta el acto más simple puede transformarse en un papelón.
Para no quedar expuesta cerca del cordón (soy tímida, lo confieso y no quería que me viera algún conocido) me arrimé al interior de la columna, cerca de la fanfarria militar.
Un hombre con brazo firme me alejó de ellos
- Puede ser peligroso
Caminamos uno al lado de otro por una o dos cuadras.
- No es bueno caminar tan cerca de los caballos.
Recién entonces lo miré, era el ex intendente de la Ciudad, destituido en juicio político por mal desempeño de funciones.
- Ah… ¿Ibarra? Es usted.
- Si.

Sigo caminando en silencio mientras observo a las personas que, desde las vallas, nos miran. Lo miran a él, mejor dicho. Yo solo soy una espectadora privilegiada. A medida que vamos bajando por Callao las personas de las vallas huelen mejor, visten mejor y se manifiestan de manera más moderada.
Algunos se codean entre sí, pienso en Ibarra pobre tipo que momento. Ahí caigo en la cuenta que no es a él a quien miran. Hay un cadáver político más flagrante caminando delante de mí: nuestro ex presidente Fernando de la Rúa. Algo más gordo y más errático (si, más) iba caminando cabizbajo. Cada tanto alguna persona bajaba de la vereda y se acercaba a saludarlo.
Pensé muchas cosas en esas cuadras mientras miraba las caras de los que desde la vereda nos veían pasar. Ellos tenían expresiones diferentes entre sí, pero todas compartían la misma intensidad. Me preguntaba que cosas pasarían por la cabeza del ex presidente, si es que aún pasan cosas por su cabeza. (Esto dicho sin ironías. Supongo que este hombre debe haber sufrido algún tipo de accidente cerebro vascular, sutil como para ser imperceptible pero lo suficientemente severo para dejarlo en ese estado de... estupidez.) Asombrosa estupidez con la que zozobró en sus últimos días como Jefe de Estado. Que vergüenza.
Qué vergüenza nuestros políticos.
Qué mal habla de ellos que de Alfonsín se destaque con entusiasmo su honestidad, su temperamento conciliador y su espíritu demócrata. Tres características inherentes e ineludibles, creo yo, a la vocación de todo político.
Al final me cansé de tanta alharaca, tomé el 92 y volví a casa. Satisfecha con mi expedición aunque cargando sentimientos ambiguos. Como pa’ variar.
Y deseando con fervor que nadie haya prestado atención a esa loca en canal 9.

lunes, 30 de marzo de 2009

Torpezas

Hacer reir a alguien que quiero, me hace feliz.
Si son diecinueve los que quiero (mucho) y rien...imagínense que felicidad.
Más aún si es espontáneo y como resultado de mi natural despiste, je.

jueves, 26 de marzo de 2009

Noticias desde el frente

Hoy voy a hablar de ustedes. Por suerte y gracia’dió no llegan hasta acá luego de escribir obscenidades en el buscador de Google. Eso es bueno.
Casi todos, excepto un puñado escaso de 5 ó 6 desvelados, hablan español.
Unos pocos usan Mac; los que lo hacen residen mayoritariamente en España, México o Estados Unidos.
Mozilla y Explorer llevan la delantera y sólo algunos dejaron instalado el WindowsVista.
La estrella de las visitas la tiene el Sushi. “Como preparar Salmón” es una inquietud que sostiene en vilo a muchísima gente, no están solos. Ni se imaginan.
Por alguna misteriosa razón mis intrascendentes entradas dando instrucciones para armar rolls sin terminar inspeccionados por bromatología lideran, humildemente hablando, las listas de búsquedas.
De todos los que llegaron siguiendo ese camino solo dos se interesaron en el resto de las entradas y lo hicieron saber. Los demás sushi- inquietos leen, vuelven a cliquear, vuelven a leer y se retiran satisfechos. Cinco de ellos tuvieron la gentileza (gente tímida y educada) de agradecer por email las instrucciones. Hubo un señor en Rosario que ofreció dinero a cambio de publicidad sobre su delivery de comida japonesa. No prosperó su oferta porque me dio vergüenza responder sobre todo porque otro señor muy molesto criticó mi falta de profesionalismo (creo que se molestó cuando le dije que había aprendido a rollear mirando elgourmet). Como sea, mucho ruido para algo que hago poco y sin muchas pretensiones.
No recorro blogs, no dejo comentarios.
No tengo muchos amigos, es más creo que no tengo ni siquiera los suficientes.
Los que tengo, son maravillosos. Algo en común con los amigos de todas las personas del mundo ¿no?
No hablo de mi blog. Les conté a pocos.
De modo que es un espacio algo desolado.
También están ustedes. Los que hacen cada tanto un “direct hit” (1) y le regalan al blog unos minutos y van por más y dejan su huella en comentario. Esos ustedes son 6 ó 7, no más.
También hay dos heroicas seguidoras.
También están los advenedizos que pasan, comentan interesante y se pierden en la maraña blogeril.
También están los que hacen todos los días, con lluvia o con sol, su paseo por el blog. A ellos les digo que pueden usar la herramienta fees que les avisa si algo cambió. Digo… ¿no se aburren?
También están los que siempre leen atentos y nunca comentan.
De ellos, hay dos categorías: los desconocidos y los conocidos. De éstos hay a su vez dos categorías: los que me lo dicen y los que no.
De los confesos, hay un par (quizá un par de tres) de exnovios. Vaya uno a saber qué los moviliza a la lectura. A ellos les digo: son bienvenidos pero relájense no voy a escribir de más.
También está Juan, claro. El que me dejó. Es más comprensible que pase seguido y en puntillas; ya ha recibido, merecidamente por cierto, palabras destempladas acordes a su proceder. Sabe que se me pasó el enojo, aunque aprovecho para anoticiarlo que nunca lo voy a perdonar (el supone que no hay nada que perdonar, se equivoca) dicho esto con el mayor de mis sinceros afectos. Lo importante: le deseo inmensas alegrías por venir.
También está mi hijo que lee siempre antes que nadie.
Mi viejo. Que pide que le lea por teléfono.
La adorable novia de mi hijo.
Mis primas.
También están unas mujeres geniales que andan por blogs de hipoacusia.
También unos colegas filatélicos que leen atónitos. Y me lo cuentan. Y me da vergüenza.
También está el vecino. Todo un personaje.
Hoy, a casi un año de empezar con este blog, me pareció una buena idea cambiarle el título. Lo sostuve por cariño y porque me resultaba sumamente original. Me han dicho que es looser, que parece la antesala de un blog feminista, que puede resultar “estigmático” (sospecho que acabo de inventar esa palabra, pero es tarde y estoy cansada para verificar en http://www.rae.es/) y otras cosas disuasivas.
No lo cambio por eso, sino simplemente porque me aburrió, en primer lugar (lo que constituye el segundo lugar me lo reservo).
De modo que se viene una temporada de títulos experimentales.

A ver que sale.
A todos, se agradece su visita.






(1) Direct Hit: así aparece en el reporte de visitas cuando llegan por link directo.

sábado, 14 de marzo de 2009

Por favor no hagas promesas sobre el bidet.

Una persona encantadora, a la que adoro y admiro, estuvo un rato intentando convencerme de lo beneficioso que es inscribirse en una de esas páginas de citas con el fin de encontrar pareja.
Dijo encontrar pareja y advertí:
- Yo no quiero encontrar a nadie.
- No hace falta que encuentres, podrías sólo buscar, charlar y conocer otros puntos de vista.
(Para conocer otros puntos de vista no sería necesario semejante emprendimiento)
- No tengo tiempo, de verdad, no tengo tiempo.
- Todo es cuestión de dedicarle 1 hora por día
.
(Una hora es muchísimo tiempo)
Ella siguió hablando, no fue muy convincente pero, por curiosidad, le hice caso y me anoté.
Como esa página no es gratis ella me había dado precisas instrucciones:
- Abrís un nuevo mail, en Hotmail, con el mismo nick que vas a usar y listo, te van a escribir ahí. Porque de otro modo, no podrás ver los mensajes a menos que pagues.
Un nuevo mail en Hotmail (¿otro más?) resultó el primer obstáculo: Hotmail no existe. Parece que ahora se trata de WindowsLive, que amenaza con múltiples prestaciones “espacios personales” “red de amigos” y bla bla.
Fastidiada y desconcertada abro un nuevo mail “puntolive” (¿servirá lo mismo?) y empiezo el proceso de registro en la página de citas.
Un embole. Se multiplican las preguntas y test para determinar mi perfil y el de mi hombre ideal. Já.
Imposible tomarse en serio el intento. Quise hacerlo, pero me hicieron pensar tantas pavadas que al final del registro, en la parte donde corresponde escribir una presentación que resulte lo suficientemente atractiva e interesante a los demás, me salió un gruñido que decía algo así como
“...disfruto de estar SOLA, me gusta leer, estudiar,
trabajar en filatelia y disponer de MI tiempo
haciendo lo que ME gusta”
Y, para que no quedaran dudas, a la hora de definir mi hombre ideal pedía que se tratara de un hombre “muy ocupado en actividades diversas” .Todo un manifiesto.
A pesar de eso, hice clic.
Por suerte el sistema se toma un par de horas para aceptar un nuevo registro de usuario.
Esas horas bastaron para reflexionar acerca del respeto hacia los demás, en especial al tiempo ajeno.
Insisto, ya se me pasará.
Creo haber leído que Charly está en tratamiento para recuperar su capacidad creativa.
¿Habrá para la amatoria?

domingo, 8 de marzo de 2009

Slum

Un director inglés + La imposibilidad de desarrollar el guión en un lugar donde no hubiera Slum = Una película india que habla de la miseria, sus violencias y las formas de sobrevivir a la verdadera barbarie. También habla del destino. Y de que si alguien hace bien, más tarde o más temprano, recibe bien.
Ta buena, pero no pude dejar de pensar que para Hollywood fue como dar un paseo por el Zoo. No quiero ser aguafiestas pero… ¿vieron esa gente que vive confortablemente, con todo lo bueno de la vida asegurados (salud, belleza, bienestar, pareja, diversión, etc.) y que por ser políticamente correctos se les da por discurrir con mirada antropológica por la intimidad de los que la pasan mal?
Algunos van por más y emprenden obras benéficas: adoptan niños exóticos o compran extensas tierras para preservarlas de las políticas depredadoras del tercero de los mundos.
Dicho sea de paso, es bueno recordar que Europa tuvo su Revolución Industrial acabando con su bosque, de modo que si Brasil, sin ir más lejos, decide avanzar sobre su selva , es su derecho.
No me refiero a transformarnos en el sumidero del mundo con papeleras envenenantes, sino a utilizar los recursos naturales disponibles sin ser condenados por Greenpeace.
Bueno, me fui de tema.
No pude, mientras veía Slumdog Millonaire, dejar de pensar en el glam de Hollywood y en sus conciencias. Con el Oscar no han lavado nada.
La miseria duele.
Lo único plausible de ser premiado es acabar con ella. Y no, yo no puedo cambiarlo.
Ninguno de nosotros puede hacerlo. No está en nuestras manos.
El discurso de que es responsabilidad de todos es una vil mentira, la responsabilidad es de los que deciden los destinos del mundo.
Juntando alimentos no perecederos y ropita en desuso lo único que hacemos es ayudarnos a nosotros mismos. Esa pobre gente sigue allí.
Aquí nomás, a un par de estaciones:



Ya escribiré sobre cosas bonitas, sepan excusarme.
Tal vez fueron los de la fila de atrás del cine, quienes increíblemente decidieron practicarse sexo mientras yo intentaba afanosamente concentrarme en la peli.
Tal vez fue el chino al que pagué para que me manosee y de azotes en público. Jaj… si: crucé la línea (y quedé tan contracturada como antes).
Como sea, ya vendrán tiempos para disfrutar sin culpa de unos buenos rolls.
Dale decí vos también tu “qué barbaridad” y sigamos jugando.
Feliz día, mujer!

domingo, 15 de febrero de 2009

15F

Populismo, en el sentido corriente del término, identifica a un gobierno con políticas económicas distributivas de los recursos nacionales, políticas sociales orientadas a favorecer mediante asignaciones y recursos a los más pobres y políticas fiscales agresivas hacia los sectores con amplio poder financiero y/o productivo de un país.
Estas características son compartidas por otras maneras de gobierno democrático que no califican de populistas; para ello se requiere además que quien o quienes gobiernan construyan un pueblo y apelen a él (a su soberanía) y que en él legitimen sus actos.
Como contrapartida deberán construir un no-pueblo, que sirva de enemigo, conspirador y culpable de los males del pasado y presente.
Digo construcción de un pueblo, porque "pueblo" como expresión de voluntad única encarnada en la historia como fuerza natural no existe. Existen, en las repúblicas democráticas, ciudadanos con ideas diferentes, gobernados por el consenso de la mayoría.
Para construir un pueblo es necesario representar una ficción de sentimiento único e igual.
Crear un pueblo requiere la construcción previa de una voluntad popular. Qué elementos se incluirán en esa voluntad popular dependerá de los objetivos de aquel o aquellos que la creen, de la historia de cada país, de la situación internacional vigente, de sus componentes sociales, etc.
Los ingredientes que se me ocurren necesarios son justicia social, reivindicación, fuerza popular y orgullo nacional. Los otros, que han caracterizado a ciertos populismos, incluyen raza, nación, soberanía territorial, liberación o religión en diversas dosis.
Todos los que han construido una voluntad popular lograron identificar con ella sus proyectos (personales o del partido). Luego será necesario impregnar esa voluntad popular con características ligadas a la lucha y al triunfo.
Son los ciudadanos, quienes comparten uno o más ingredientes de esa ficción - quizá todos- los que, fascinados con esa voluntad popular victoriosa, se transforman en pueblo. Los actores de esa ficción.
Triunfante la voluntad popular, no queda más que apelar a ella con vehemencia para que represente el telón de fondo de la monopolización del poder.
Y al que no le gusta… se jode, se jode.

“Faltaría sin embargo un reconocimiento a Hugo Chávez, por su aporte a la literatura española. Su último artículo publicado ayer 12 de febrero bajo el título "Las líneas de Chávez", es un inspirado documento de excepcional calidad, que solo los grandes escritores pueden elaborar.” Fidel Castro, Febrero 13 de 2009 11 y 30 p.m. (1)
Una cita con el futuro (aporte de Hugo Chávez a la literatura española)


¡PERO FIDEL QUERIDO! ¿No será mucho?

sábado, 14 de febrero de 2009

Cabos sueltos

Hay múltiples maneras de lastimar a los demás. Como variados son los modos de resultar heridos al dejarnos domesticar, como el principito y su rosa.
No hay trampa, pero caemos en ella.
No hay malas intenciones, pero terminamos sufriendo.
Andar en puntillas podría ser una alternativa; rodear el alma de apósitos, leyendo a diario las consignas de heridas pasadas. Estar atentos, no dejarse embaucar por el aleteo, intentar no caer. No es tan difícil.
Basta con quedarse en casa guardados, en silencio, tratando de pensar en nada y ocupando el tiempo en pavadas, o cosas serias. Lo mismo da.
No sea cosa que se desate el nudo.
No sea cosa que se suelte el deseo y se desarme de un plumazo este simulacro de calma.
No sea cosa que me ponga de una vez a llorar como es debido.

domingo, 18 de enero de 2009

FOUND

Dios existe.
Anoche soñe que Sawyer venía a casa a la hora de la cena.
Por añadidura se quedaba a dormir.
Atenti: era Sawyer, no Josh Holloway.

jueves, 15 de enero de 2009

MORATORIA ó El regreso de Doña Rosa

El 26 de noviembre del año pasado se anunció la implementación de una moratoria impositiva y previsional, que condona parte de la deuda a pagar y suspende las acciones legales iniciadas en contra de los evasores.
Al día siguiente el jefe de gabinete Sergio Massa ofreció una conferencia de prensa para ampliar y justificar el masivo perdón a todos aquellos que no pagaron sus obligaciones impositivas y tributarias.
La medida incluía además una "una canasta de posibilidades" para estimular la repatriación de capitales (así se dice cuando la gente puede ingresar dinero al país y comprarse lo que quiera sin que nadie le pregunte cómo lo obtuvo ni dónde lo tenía guardado)
Massa dijo muchas cosas, hubo una que merece ser analizada. Lo hizo en la tele.
No recuerdo exactamente si el periodista era Chiche Gelblung o Luis Majul (para el caso da lo mismo), me inclino a pensar que era Majul.
El periodista le consulta acerca de los cuestionamientos a la moratoria por parte de aquellos que habían cumplido con sus deberes impositivos, considerando a la medida como una franca injusticia, donde se premiaba al evasor. Los que pagaron a tiempo perdieron. Unos boludos, bah.
La pregunta podría hacer pensar que estaba destinada a incomodar al funcionario, poniéndolo en situación de justificar lo injustificable o al menos encontrar un resquicio de autocrítica en él. Veamos. Massa sonríe, imposta su voz, mueve previsiblemente sus manos y dice, con tono de letrado:
Suponga usted el caso de dos fabricantes de vasos. Uno de ellos, el fabricante A, pagó puntualmente y tuvo sus empleados en regla. El otro (B) no. A partir de estas medidas el que no cumplía, empieza a cumplir. Piense bien ¿Quién se ve beneficiado con esto?
Majul pone cara de inteligente y (buen alumno) dice:
El fabricante que cumplió.
¡Claro! ¿Por qué? Porque desde ahora habrá competencia leal. Y amplía (por si alguno no entendió) antes el fabricante B vendía sus vasos más baratos porque tenía menor costo, y el A no podía competir. Ahora los dos tendrán el mismo costo y no habrá competencia desleal.
Majul le sonríe satisfecho y va al corte.
Clap clap.
Me quedaron muchos interrogantes, pero podría resumirlos en tres:

El jefe de gabinete, ¿es o se hace?
El periodista, ¿es o se hace?
¿Ellos han dado por sentado que somos idiotas,
están mal asesorados
o realmente somos una manga de boludos?