domingo, 16 de agosto de 2009

El empleo del tiempo

En la antigüedad, el empleo del tiempo estaba consagrado a asegurar la propia supervivencia (hogar, comida, seguridad) y a honrar a los dioses.
Las sociedades más complejas ampliaron su horizonte: crecieron las ciudades y con ellas las instituciones políticas, las prácticas religiosas, las obras públicas, el hambre y la guerra.
El empleo del tiempo en tiempos de paz estaba, en la antigüedad clásica, en manos del estado.
Se organizaban vastos y costosos eventos destinados a dar cohesión e identidad al pueblo. También lo entretenían, daban cauce a su energía y lo asombraban con el poder y la magnificencia del espectáculo. El pulso de la vida antigua estaba impregnado por eventos religiosos, deportivos y lúdicos.
Múltiples efectos, múltiples propósitos.
Los Juegos celebrados en Olimpia de la Antigua Grecia, servían para dar cohesión y sentido a las ciudades helénicas. Los Circos Romanos, grandes instalaciones lúdicas extendidas por las ciudades del Imperio, panem et circenses para el pueblo.

El estado y la nación resultan términos modernos, pero las prácticas de quienes obtenían un mejor pasar por tener en sus manos la administración de los recursos, resultan semejantes.
El imperialismo, la conquista y el dominio de otros pueblos requirieron abundantes bienes materiales y personas dispuestas a dar su vida y su tiempo, y la creación y sostenimiento de una identidad, que incluyera a un enemigo para dar sentido a la lucha.
Para ello sirvieron la religiosidad y sus manifestaciones monumentales.
A otras sociedades también les fue útil la naturaleza indómita, como el Río Nilo un frente de batalla natural para cohesionar esfuerzos.
La mayoría tuvieron sus otros y sus héroes.
Relatos, mitos y leyendas sobre hombres parecidos a los hombres reales, pero dotados con elementos únicos que los transformaban en semidioses. Fueron reyes, fundadores de dinastías o de imperios, profetas o presidentes.

El empleo del tiempo, treinta siglos después, sigue en manos del estado.
El control se ha perfeccionado, en el medio aparecieron el reloj, la televisión y el teléfono móvil; Hollywood e Internet.
Bastante antes de la post-modernidad, Argentina era para los argentinos el país de la abundancia. En la posguerra, habían confluido algunos mitos para dar forma a esa nación inventada: el granero, la carne, la pujante industria, las cultas clases medias y la clase obrera que estaba en el paraíso.
En ese paraíso vivían, junto a los arquetipos nacionalistas reproducidos por la escuela, sus héroes populares: los mártires políticos, los mártires culturales y los deportistas.
En los 50’ se galvaniza la nación, surge una patria deportiva y los medios de comunicación multiplican y reafirman las epopeyas de sus héroes.

“En el estallido de identidades que algunos llaman posmodernidad, el fútbol opera como aglutinante: es fácil, universal y televisivo. No es la nación, sino su supervivencia pulsátil. O, quizás, la forma en que la nación incluye hoy a quienes, de otro modo, abandona” (Beatriz Sarlo, “Una comunidad llamada Nación” – Diario Perfil)

Hoy, el Fútbol, pasión de multitudes, entrona héroes que llegan desde la humildad, e incluso desde la villa y la exclusión social. Hay una ilusión de igualdad en ese ascenso, una identificación, una esperanza. Sin relatos, sin narrativa, sin Victor Hugo (1), sin Homero (2) los Héroes no podrían alcanzar su esencia.
La globalización diversificó el control de los recursos ideológicos, incluyendo cada vez más contenido económico, en detrimento del contenido político, simplificando el rol de ciudadanos al de consumidores.
Los medios se privatizaron y el estado perdió, en ese tránsito, el control discursivo, quedando inmerso en ese fusilamiento mediático del que se queja nuestra presidente (eventual tenedora del control de los recursos del estado)
No es de asombrarse que ese mismo estado intente asegurar la divulgación de las hazañas deportivas pagando 600 millones de pesos para adquirir los derechos televisivos del campeonato local de fútbol.
Actúa defensivamente. Parece descabellado pero tiene su lógica.
Lo verdaderamente atroz es que está lógica está atrasada, casi como 3000 años.

(1) Morales.
(2) El poeta griego.

lunes, 3 de agosto de 2009

Shhh…


Estas vacaciones de invierno pude viajar.
Después de pensarlo un poco decidimos ir, en familia, a Rio de Janeiro.
Fueron unos hermosos días. Me quedaron muchas cosas estimulantes para escribir: la historia de las veredas, la bahía increíble, el mar verde esmeralda.
Podría contarles sobre el pintoresco barrio de Santa Teresa, o el de Leblon tan paquete y con el sushi más rico del mundo.
Podría divertirlos con alguna anécdota genuina o recreada o compartir mis reflexiones acerca del contraste entre el mundo real y la maqueta.
Podría por qué no, palabrear los olores, los colores, los sonidos de las muchas sensaciones que me dejó esa ciudad maravillosa.
Podría hasta regodearme en la saudade.
Cuando venga el impulso escribiré más largo, mejor y sobre cosas más profundas, pero hoy permítanme dejar una reflexión enorme y contundente:

Los cariocas están más buenos que las Criollitas con manteca y dulce de leche.
¡Qué hombres, por favor, qué hombres!