miércoles, 29 de diciembre de 2010

Dentro del juego

Ayer, día de los Inocentes, fuimos hasta Mercedes - Provincia de Buenos Aires - a espiar la presentación de una revista que hicieron un par de mercedinos, escritores y editores de profesión,  que montaron una redacción en Barcelona, con una pizzería en la planta superior o una pizzería con redacción abajo, no entendí.
Al par de tipos los habíamos visto una vez en Buenos Aires, en ocasión de otra  presentación de criatura literaria, hace más de dos años. Esa vez fuimos para conocer a Hernán, del cual sabíamos muchas cosas y disfrutábamos de su nutritivo blog, al otro tipo lo conocíamos de nombre y estábamos, hasta esa noche, convencidos de que se trataba de un personaje de ficción.
Luego de eso discurrió el tiempo, que percibí larguísimo, durante el que Hernán tuvo su blog abandonado. Sin entradas nuevas, me puse a releer sus cuentos con la misma nostalgia que a las tiras de Mafalda. Había, eso sí, comentarios de lectores rezagados o ansiosos. Al menos era ansiedad compartida.
Un día encontramos actualización del blog y sentimos que orsai estaba más vivo que nunca. Y ahí nomás nos enteramos de la energía creadora que ese par traía entre manos. Mientras nos despabilábamos del letargo ellos nos anoticiaban del proyecto Orsai una revista sin publicidad, nos explicaban sus fundamentos y principios y nos invitaban a organizarnos como lectores o distribuidores.
Fue leer y saber que no quería perderme el primer ejemplar por nada del mundo. Hubo que animarse entonces a abrir la puerta a desconocidos para juntar al menos diez, para comprar un pack. En mi caso junté treinta y hubieran sido más de haber tenido más resto de energía y menos miedo al pensar en la hora del reparto. La casilla de mail fue un alboroto de gente, algunos se colaron en el celular para formar parte de una familia numerosa de apellido orsai. Muy raro.
Ayer fue perfecto. La tarde estaba perfecta, el pasto de la cancha de la liga mercedina, perfecto. El ánimo templado y el sonido perfecto.
Hernán Casciari puso un ejemplar sobre la mesa anunciando “esto es lo mejor que hice con mi vida”; su respuesta a todos los qué estás haciendo con tu vida de su vida, certero el hombre.
Christian Basilis habló de los caminos y la gente que nos acompaña en cierta parte de ellos; lo que nos dejan, lo que nos nutren. Lindo, como para repensar en esta época del año y ponerse cursi sin ponerse colorado.
Alejandro Seselovsky dijo algo sobre los sueños y perseguirlos y estuvo bueno.
Zambayonni, en su primer estadio, nos cantó “El equilibrio del mundo” y nos dimos cuenta que había en común algo más de lo que creíamos.
Osvaldo Príncipi discurrió con simpleza en la historia local - ficción de pueblo o realidad transformada-, desplegó su oficio y logró enternecernos.
Hubo un instante mágico en el que un tipo gordito de remera negra pidió permiso para hacer una pregunta, pero no pudo, la emoción le ganó. Entonces tomo el micrófono el tipo de al lado y dijo que su amigo, su mejor amigo, quería preguntar cómo habían hecho para continuar creando en la distancia (Chiri y Hernán estuvieron muchos años separados por un océano), cómo habían hecho para que la amistad sobreviviera, porque ellos se sentían parecidos, juntos escribían, y ahora él tenía que irse a vivir lejos y con su amigo, que no paraba de lagrimear, querían saber como se hacía. Ahí nomás nos salió un aplauso espontáneo que quería ser abrazo  pero las reglas de urbanidad nos sujetan, que tanto. Estamos vivos. Tonto el que no lo celebra.
Y la pizza y la cerveza. Y la gente linda que se había juntado. Todo perfecto.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Una de piratas


A finales del siglo XVI Inglaterra iniciaba su expansión hacia los territorios de ultramar.
El ímpetu colonizador se afianzaría a lo largo de los siglos XVII (colonias de Norteamérica, Canadá y Mar Caribe), XVIII (Australia),  XIX (Asia) y XX (África).
Los primeras colonias pasaron a llamarse de “dominios” a principios del siglo pasado. Durante la WWI esos dominios contaban con autonomía de gobierno aunque continuaban controlados por el Foreign Office en los asuntos de política exterior; fueron aumentando su autonomía política entre los años 30´y 40´.
Luego de la WWII la mayoría de las colonias de Asia, África y el Caribe,  impulsadas por la fuerza de sus nacionalismos y en el marco de una GB comercialmente debilitada, lograron su independencia.
He estado ordenando y clasificando los sellos postales de las Colonias Inglesas, asombrándome de tanto en tanto al caer en la cuenta de la porción del mundo que el Imperio Británico llegó a controlar. Asombrándome también del esfuerzo que habrá supuesto tamaña empresa. Imaginándome lo fabuloso que les habrá resultado el botín.
He hallado estampillas de 78 diferentes colonias inglesas, la mayoría de ellas son actualmente estados independientes y emiten sus propios sellos postales.
Los primeros en independizarse se convirtieron en estados prósperos y respetables como Canadá, Nueva Zelanda y Australia. Claro que son monarquías parlamentarias, rinden honores a la misma reina que los londinenses  y comparten su himno real. Si bien Elizabeth II protagoniza muchos de sus sellos postales, no hay marcas de la corona en ellos.
Otras colonias se convirtieron en paraísos turísticos o fiscales ¿Sabían que el Jamaiquino más famoso fue un súbdito más? Él y sus rastas, sí, sí.
Otras colonias han desaparecido, engullidas por sus vecinos.
Algunas cambiaron sus nombres.
Muchas están en vías extinción; cayendo en el despiadado pozo del abandono y el olvido. Son los despojos de un banquete, la cáscara de la naranja que ha dado todo su jugo. Como Gold Coast (actual Ghana),  Sierra Leone, la pobreza hecha diamantes, o Sudán. Allí los sellos postales son lo de menos; lo que importa es el hambre, la guerra civil y las epidemias.
Algunas ex colonias cuentan con cierta autonomía sin llegar a ser totalmente independientes (sus sellos postales incluyen los símbolos reales “ER” - Elizabeth Regina- ); las denominan Territorios Británicos de Ultramar;  las Islas Caymán y las Bermudas, en el Mar Caribe, y Gibraltar, en territorio español, son algunas de ellas.
Otras continúan siendo colonias y sus sellos postales deben tener impreso el perfil de su majestad. Como nuestras Islas Malvinas, sus Falkland Islands.