domingo 10 de abril de 2011

Atención, radar vigía.



Un sábado soleado de abril, justo antes de cumplir cuarenta y tres años y con la excusa de disfrutar mi auto nuevo y estrenar GPS, decidí rumbear para la ciudad de las diagonales. (Así como de la WWII se desprendió el uso masivo del transitor, de la moderna industria bélica nos llegó el GPS, una tecnología militar, desarrollada, instalada y operada por el Departamento de Defensa de EEUU usada por millones de gilipollas -como yo- para transladarse del punto A al punto B)
La noche previa estuve ansiosa, una ciudad desconocida, un rumbo desconocido, sola, con el auto nuevo y rodeada de chirimbolos tecnológicos. Como agravante al desamparo, no podía llevar a Mafalda (mis planes incluían una visita al Museo de Ciencias Naturales y no creí posible ingresar con un animal vivo al templo de los animales muertos)
Un delivery veloz acercó hasta mi casa el GPS  e intentó, en quince palabras, explicarme su funcionamiento. El aparatito resultó ser un artilugio fundamental; sin conocimiento previo acerca de la ruta a seguir logré conducir desde mi casa hasta la Catedral de La Plata sin siquiera distraerme a leer los carteles. Una muchacha tenaz se preocupó por mí de manera eficiente. Todo fue armonioso hasta que en La Plata, haciendo caso omiso de una indicación, pude ver su lado B (porque todos, hasta la muchacha castiza del GPS, tenemos un lado B):

 -        -  doble a la derecha
-        - humm (mejor doblo en la próxima)
-        - doble a la derecha – doble a la derecha - doble a la derecha !
-        - No hay  otra calle a la derecha. ¿Qué derecha?
-        -   … recalculando…
-       -    ups
-      -     Realice un giro de 180º
-      -    ¿EH?
-     -     Realice un giro de 180º - Realice un giro de 180º - Realice un giro de 180º !
-     -    ¿No sabés que está prohibido doblar en U?
-     -     Recalculando
-     -    
-     -     Realice un giro de 180º
-     -     Y no, no sabés.
-     -     Recalculando
-     -     Má sí nena. Clic. A preguntar…

Qué barbaridad.  Sólo ese contratiempo y otro menor con un señor trapito que eligió, de todos los autos que estaba cuidando, sentarse a fumar sobre el mío. Lo vi desde la mesa donde estaba tomando un cafecito, me le acerqué y le dije en tono altisonante:

-         -  ¿Vosó el que cuidás losautos?
-         -  (asiente con la cabeza)
-         -  Este auto es mío.
-         -  (se baja)
-         -  Cuidameló sin sentarte arriba.
-         - 
-         -  Grácia.
                                        (sic)

¿Por qué le hablé en villa? Yo también me lo pregunté mientras volvía  a la mesa soleada a seguir leyendo mi Orsai. Nunca lo sabré. Supongo que porque sentí  miedo y creí que hablándole así me vería más amenazante. Lo peor fue cuando le di su paga:

-                                - Chau,  grácia (insistiendo con el tono villa)
-                                -  Gracias a vos y te pido mil disculpas (impecable)

Qué horror. Cuanta vergüenza. Más para seguir reflexionando acerca de los prejuicios.
Hasta aquí mis apuntes emocionales, para saber cuan buena me resultó  la Ciudad de La Plata sírvase leer la pestaña correspondiente.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Si volviera a nacer pero soltero y con mucha guita me gustaria llevarla a recorrer el mundo para leer despuès.
Besos, su ex-vecino.

Disculpe que no la siga tuteando, pero me casé y mi jermu no lo permite.

Marce dijo...

Que ocurrente Celes! Felicidades!

Anónimo dijo...

Psssss sorda pelotuda! no dice "Vigía" la gallega dice VI-GI-LA !

No, soy un anónimo.

celeste dijo...

Su gallega le dirá eso, la mía dice "vigía".

Por otra parte, si de anónimos se trata me quedo con el primero. Todo un caballero.

Besos Marcela!