domingo, 29 de mayo de 2011

Jirón del cielo en donde impera el sol

foto: Juan Cruz Ordóñez

El Sr. José Pablo Feinmann debe ser el abuelo de alguien. También ha de ser la inspiración de alguien y el amor de alguien. Por eso, no sólo no voy a decir una barbaridad sino que también elijo no pensar ninguna barbaridad al leer su discurrir acerca de la Bandera Argentina.
Estoy percibiendo, como seguramente muchos otros atentos al intercambio de opiniones, una franca radicalización de los discursos  y, sobre todo, una apropiación primero tibia y solapada más luego áspera y directa de saberes, creaciones, luchas e ideas que garpan para sumar votos, aplausos, billetes, consenso o lo que sea que sume.
Hace poco conversando con mis amigos filatelistas acerca de la sonada Boda Real, uno de ellos dijo estar convencido de que la Monarquía Constitucional era la forma de gobierno ideal para el desarrollo de Estados maduros, prósperos y serios. Yo me quedé pensando; en principio porque la persona que lo había dicho merece mi respeto por su trabajo profesional y por la seriedad de sus estudios filatélicos. Vale decir, si alguien que hace bien las cosas piensa de ese modo, sus pensamientos deben tener alguna lógica.
Desconozco cuál habrá sido esa lógica, pero después de darle vueltas al asunto creo que tiene razón. Por ejemplo, por mencionar algunas de las simples ventajas que encontré: dejaríamos de asistir impávidos a entretelones de la nefasta farándula local para dedicarnos a chimentar sobre la realeza. Que de seguro tendría en sus cabezas más neuronas que bótox. Así, los llamados artistas podrían dedicarse al arte.
Además es sabido que la realeza cultiva los buenos modales, de modo que en ese efecto espejo que hoy tinelliza a la sociedad, estaríamos multiplicando los porfavores, gracias y buenos días. Usando servilletas, caminando erguidos y sin arrastrar las ojotas por la vereda.
Estoy hablando en serio. Imaginen que los que gestionan los asuntos de Estado pudieran dedicarse a ello y no a yirar por el mundo para perder su valioso tiempo en protocolos, vestuarios y maquillajes o a descarnar sus sentires privados ante multitudes. Nada de operativos clamores, para eso está la Familia Real, cuya soberanía nadie discute y todos aceptan.  
¿Que estoy diciendo boludeces? Puede ser, pero este es mi blog. El señor José Pablo Feinmann las dice en la contratapa de un diario nacional y nadie se rasga las vestiduras por ello.
Me encantaría decirle al Sr. Feinmann que sólo los necios creen que el devenir histórico corresponde al presente, al HOY que proclama.
Le pediría que revisara la historia para ver cuán típico de los regímenes totalitarios es la inclusión de símbolos ideológicos en las banderas nacionales.
Le pediría que, en un esfuerzo intelectual, reflexionara acerca de los acuerdos que muchas naciones tuvieron que adherir para sobrevivir a sus guerras civiles (la transición de España en los 70´, por ejemplo).
Finalmente le pediría, que a partir de esas reflexiones se dedicara a construir integridad en vez de encono. Pero sería mucho pedir, supongo.