domingo, 24 de marzo de 2013

Equipaje



“Vinieron a buscar a Don Pedro antes de que el alba despuntara. Él ya estaba levantado, preparando la comida para los perros. Algunos madrugadores lo vimos pasar en el camión azul de la montada, el vehículo más veloz que tenemos por acá.  Al almacenero de la esquina alcanzó a pedirle, un poco a los gritos porque el ladrido de los perros era infernal, que le cuidara las cañas. Fue un año increíble, pasaban los días con sus noches y el pueblo sólo hablaba de Don Pedro.”

Francisco sigue, a diez días de ser elegido papa, en la tapa de los diarios de mayor circulación de Argentina.  Como sucede con todas las grandes noticias –que no por grandes son buenas- no podremos olvidar dónde, cómo y con quién las recibimos.
Las torres gemelas se cayeron mientras estaba trabajando en el colegio con Luciana y Julieta; a los edificios humeantes los vimos por Yahoo.com.
Años más tarde un amigo escribió en su muro de Facebook  ¿Néstor la quedó?, diez segundos después la noticia ocupaba todo el wide del monitor de mi PC.
Cuando el helicóptero con el hijo del presidente Menem (no soy supersticiosa) se vino abajo,  yo estaba atareadísima entrando a una oficina donde me recibieron caras demudadas por el impacto. Alguien estaba escuchando subrepticiamente la radio y ya no pudimos continuar trabajando.
La muerte del comandante Chávez me pasó desapercibida, teniendo en cuenta que fue la muerte más larga de la Historia es lógico que me haya olvidado dónde, cómo y con quién.
A la noticia de Francisco la agarré tarde.
Esa tarde salí del trabajo y me fui caminando hasta la casa de Fede. En el camino escuché algunas cacerolas sonar. Que estará pasando, será Cristina en cadena nacional. La gente en la calle actúa raro; en la esquina de Acoyte y Rivadavia un hombre levanta los brazos como festejando un gol; los que pasan cerca le sonríen. Habrá renunciado Boudou, no creo, qué ilusa. Pero llego a la casa de Fede y me olvido del asunto.
Nos ponemos a mirar un capítulo de Dexter. De fondo,  las campanas de la iglesia frente a la plaza. Me parece que eligieron al Papa.
Vuelvo a casa caminando, no será mucho tanto entusiasmo por el Papa. Entonces sí, prendo el Ipad y me cuesta entender lo que pasa ¿Jorge Bergoglio,  el arzobispo de Buenos Aires,  es el nuevo Papa? Ya no queda más que hacer, solo emocionarse y mirarlo por TV. Pensar en Cristina - in your face! –, escuchar y leer sin asombro el desarrollo de la noticia en voceros del gobierno: de las madres y abuelas, del que nos odia a todos, de Horacio González, del barrilete cósmico. Y claro, como en la peor ficción, los personajes cambian de idea y se reeditan, de nuevo: las madres y abuelas, el director de la Biblioteca Nacional, 678 y claro, Cristina.
Hoy leo en una nota chiquita en La Nación (Nobles razones para comprar zapatos), algo acerca de un californiano que tuvo una excelente idea, además de entrepreneur y filántropo, se le ocurrió fabricar alpargatas, autóctonas como el dulce de leche,  bajo la marca TOMS (el logo es una bandera argentina) y la propuesta es one for one, o Buy One Give One, esto es: si te comprás algo nuevo, regalá el anterior.
La nota habla de una movida altruista. Confieso, comprar me da culpa. No la suficiente como para dejar de hacerlo, pero la expresión necesito un bolso azul me resulta patética. Se dice quiero; necesitar es otra cosa.
Al one for one lo practico desde adolescente. El secreto está en asignar el mismo espacio acotado para ropa y calzado, por razones obvias, a medida que uno compra empieza a desprenderse de lo anterior. Otra opción es preguntarse acerca de las posibilidades de usar el próximo invierno ese suéter que durante todo el invierno pasado no salió del ropero. Alguien lo usará.
Lo mejor sería, desde ya, que no hubiera nadie esperando por los gastados zapatos ni por los  suéteres de la temporada vieja, pero ya sabemos: el mundo es redondo.
Las cosas. Los libros, la ropa, las fotos, los zapatos, los muebles, los gadgets, la heladera nueva, las plantas, los objetos de arte, las especies importadas, los álbumes de estampillas, las antigüedades, las mascotas, los trofeos, los recuerdos. Esas cosas que hacen casi tan feliz a uno como los abrazos y los besos, son carga. Y cuánto más espacio ocupen más grande será el container.
Volviendo al Papa lo que más me impactó, lo que realmente me parece fascinante y me encantaría poder - así sin más- hacer, fue que el tipo agarró una valijita y se fue a vivir para siempre a otro lado.
¿Comprenden la magnitud del asunto? Una valijita.